A UN POETA MUERTO


Así como en la roca nunca vemos
La clara flor abrirse,
Entre un pueblo hosco y duro
No brilla hermosamente
El fresco y alto ornato de la vida.
Por esto te mataron, porque eras
Verdor en nuestra tierra árida
Y azul en nuestro oscuro aire.

Leve es la parte de la vida
Que como dioses rescatan los poetas.
El odio y destrucción perduran siempre
Sordamente en la entraña
Toda hiel sempiterna del español terrible,
Que acecha lo cimero
Con su piedra en la mano.

Triste sino nacer

Con algún don ilustre
Aquí, donde los hombres
En su miseria sólo saben
El insulto, la mofa, el recelo profundo
Ante aquel que ilumina las palabras opacas
Por el oculto fuego originario.

La sal de nuestro mundo eras,
Vivo estabas como un rayo de sol,
Y ya es tan sólo tu recuerdo
Quien yerra y pasa, acariciando
El muro de los cuerpos
Con el dejo de las adormideras
Que nuestros predecesores ingirieron
A orillas del olvido.

Si tu ángel acude a la memoria,
Sombras son estos hombres
Que aún palpitan tras las malezas de la tierra;
La muerte se diría
Más viva que la vida
Porque tú estás con ella,
Pasado el arco de tu vasto imperio,
Poblándola de pájaros y hojas
Con tu gracia y tu juventud incomparables.

Aquí la primavera luce ahora.
Mira los radiantes mancebos
Que vivo tanto amaste
Efímeros pasar junto al fulgor del mar.
Desnudos cuerpos bellos que se llevan
Tras de sí los deseos
Con su exquisita forma, y sólo encierran
Amargo zumo, que no alberga su espíritu
Un destello de amor ni de alto pensamiento.

Igual todo prosigue,
Como entonces, tan mágico,
Que parece imposible
La sombra en que has caído.
Mas un inmenso afán oculto advierte
Que su ignoto aguijón tan sólo puede
Aplacarse en nosotros con la muerte,
Como el afán del agua,
A quien no basta esculpirse en las olas,
Sino perderse anónima
En los limbos del mar.

Pero antes no sabías
La realidad más honda de este mundo:
El odio, el triste odio de los hombres,
Que en ti señalar quiso
Por el acero horrible su victoria,
Con tu angustia postrera
Bajo la luz tranquila de Granada,
Distante entre cipreses y laureles,
Y entre tus propias gentes
Y por las mismas manos
Que un día servilmente te halagaran.

Para el poeta la muerte es la victoria;
Un viento demoníaco le impulsa por la vida,
Y si una fuerza ciega
Sin comprensión de amor
Transforma por un crimen
A ti, cantor, en héroe,
Contempla en cambio, hermano,
Cómo entre la tristeza y el desdén
Un poder más magnánimo permite a tus amigos
En un rincón pudrirse libremente.

Tenga tu sombra paz,
Busque otros valles,
Un río donde del viento
Se lleve los sonidos entre juncos
Y lirios y el encanto
Tan viejo de las aguas elocuentes,
En donde el eco como la gloria humana ruede,
Como ella de remoto,
Ajeno como ella y tan estéril.

Halle tu gran afán enajenado
El puro amor de un dios adolescente
Entre el verdor de las rosas eternas;
Porque este ansia divina, perdida aquí en la tierra,
Tras de tanto dolor y dejamiento,
Con su propia grandeza nos advierte
De alguna mente creadora inmensa,
Que concibe al poeta cual lengua de su gloria
Y luego le consuela a través de la muerte.

Como leve sonido:
hoja que roza un vidrio,
agua que acaricia unas guijas,
lluvia que besa una frente juvenil;

Como rápida caricia:
pie desnudo sobre el camino,
dedos que ensayan el primer amor,
sábanas tibias sobre el cuerpo solitario;

Como fugaz deseo:
seda brillante en la luz,
esbelto adolescente entrevisto,
lágrimas por ser más que un hombre;

Como esta vida que no es mía
y sin embargo es la mía,
como este afán sin nombre
que no me pertenece y sin embargo soy yo;

Como todo aquello que de cerca o de lejos
me roza, me besa, me hiere,
tu presencia está conmigo fuera y dentro,
es mi vida misma y no es mi vida,
así como una hoja y otra hoja
son la apariencia del viento que las lleva.

Como una vela sobre el mar
resume ese azulado afán que se levanta
hasta las estrellas futuras,
hecho escala de olas
por donde pies divinos descienden al abismo,
también tu forma misma,
ángel, demonio, sueño de un amor soñado,
resume en mí un afán que en otro tiempo levantaba
hasta las nubes sus olas melancólicas.

Sintiendo todavía los pulsos de ese afán,
yo, el más enamorado,
en las orillas del amor,
sin que una luz me vea
definitivamente muerto o vivo,
contemplo sus olas y quisiera anegarme,
deseando perdidamente
descender, como los ángeles aquellos por la escala de espuma,
hasta el fondo del mismo amor que ningún hombre ha visto.

Poema de Luis Cernuda a Federico García Lorca

Diamante loco


boomp3.com

Sombras


He decidido que las cosas cambien, lo habrás notado. Luego de algunas agudas noches (no tantas) he dado con la razón de mi insomnio, que hoy abandono.
Comprendo que quise una sombra, una figura borrosa pero encantadora, fugaz pero insistente. Abrazar una sombra, hablar a una silueta, escuchar una ilusión son, a fin de cuentas, quimeras. Perseguir una quimera es de mal gusto, pues el buen gusto radica, precisamente, en no insistir.
Dejo de lado, entonces, la insistencia y el insomnio para volver a dormir largas noches (o días).
Quitó de mis intenciones el abrazo de la sombra que supe querer, sombra que no has sido y confundí contigo.
Ya no queda porqué para nosotros... mis ojos no desean esa realidad transparente hallada tras las siluetas. No otorgo culpas más que a éstos ojos por esa ánima que creí ver.
Tú, real, espero obtengas los placeres pasajeros y las compañías complacientes deseadas.

Sin embargo, el camino aquí se bifurca. Caminaré de espaldas al fantasma que soñé yendo en idéntica dirección a la mía; con paso firme y lento seguiré por senderos lejanos a los de quien eres y no supe ver.
No existe rencor al camino que eliges, ni por el ser que eres (o en quien decides enmascararte)... solo pena que se disipa de haber andado confuso, con una fútil sombra de compañía...
En fin, zarpamos por nuevos y diferentes mares... con el tiempo sabremos lo perdido. La cuenta llegará algún día, siempre llega. Hoy vuelvo a dormir, siendo quien soy a costa mía y de nadie más.
Tú, sé feliz. Solo ese deseo puedo dejarte... jamás tuyo


El borrachín
del Bar Oriente...

... despidiendo desde el andén un tren
que se lleva a quien nunca estuvo.
El ritual se cumple.




Tu sonrisa se me va...

Falso amor de plástico

...Hoy es uno de esos días. La rutina, por nombrar de alguna forma a esta nada que se repite día tras día, avanza. Camino, escucho música, leo... pero no me reconforta, sino que me siento inerte...
Es la inercia la que avanza, la corriente que me lleva a la deriva, envolviendo todo...
...Pienso en las tragedias griegas, en el papel que juega el destino... y vuelvo a leer:

“A pesar de cuanto suponemos, hay muchos objetivos que no conseguimos alcanzar, no obstante la intensidad con que los deseemos y a pesar del bravío ímpetu que pongamos en obtenerlos. Al contrario, tal parece que un ángel perverso se complace en jugar con nosotros y convierte ese bravo ímpetu, ese empeño tenaz, en algo que se vuelve en nuestra contra y nos impide con mayor eficacia dar alcance a cosas que deseamos intensamente, que son importantes en nuestra vida. Algunas de ellas, quizá las más importantes”.
(Juan Antonio Rivera – “Lo que Sócrates le diría a Woody Allen”- Pag. 33)

Dejo estas palabras y retorno a la música... al destino y lo falso...
nosotros hemos sido... ya no...





Su verde regadera de plástico
para su falso árbol de goma chino
en la falsa tierra de plástico
que ella compro para un hombre de goma
en la ciudad de planicies de goma
para librarse de ello

eso la consume, eso la consume

Ella vive con un hombre destrozado
un quebrado hombre de poliesterino
que fue derrumbado y quemado
El solía hacer cirugía, a las chicas en los 80´s
pero la gravedad siempre gana

Y eso lo consume, lo consume

Ella parece una cosa real
Ella sabe como a una cosa real
Mi amor falso de plástico
pero no puedo evitar lo que siento
podría volar a través del techo
si solamente me doy la vuelta y corro
Y eso me consume, me consume

Si pudiera ser quien tu quieres
Si pudiera ser quien tu quieres
todo el tiempo, todo el tiempo.
Fake plastic trees/ Radiohead

Frankestein (por Martin Caparros)

El Gobierno cometió una de las series de errores políticos más notables de la historia argentina reciente y creó un monstruo.
No se enfrentaban a nadie. Hace cuatro meses, cuando empezó este baile, sus peores enemigos eran la inflación, las sospechas de corrupción, el INDEC, la posibilidad de que, si acaso, a Macri no le fuera tan mal, o sea: no tenían enemigos. Sin embargo, empezaron a hablar como si los tuvieran –y todo parecía tan extraño. Hasta que consiguieron producirlos.“Si una situación es definida como real, esa situación tiene efectos reales”, dice el teorema de Thomas, un sociólogo americano que trató de sintetizar la idea de profecía autocumplida.
Digo: la mayoría de los argentinos estamos a favor de las retenciones a las exportaciones de materia prima –agropecuaria, petrolera, minera. O, por lo menos, hasta el 11 de marzo, muy pocos estaban en contra. Ni siquiera los más feroces camperos discutían su existencia. Y después discutieron su monto –con perdón–: sólo su monto.
Por eso no creo que el tema de estos días sean esas retenciones, algunos puntos más o menos: lo que se discute, ahora, es el resultado de una de las series de errores políticos más notables de la historia argentina reciente. Primero fue esa resolución 125 llena de errores técnicos y fundada en el peor error político: no diferenciar a grandes y chicos y empujar a las rutas a una cantidad de gente que jamás habría salido si el Gobierno hubiera establecido esas diferencias. Ahí empezó todo: el Gobierno creó la masa crítica en su contra y posibilitó una alianza inverosímil entre chacareros y terratenientes.
Su otro error original fue no hablar, desde el principio, de redistribución. Empezaron por decir que se llevaban esa plata sin decir para qué, y tardaron meses en ofrecer unas promesas vagas y etéreas, sin anuncios concretos. Y, además, omitieron coparticiparla, con lo cual se peleaban con sus aliados provincianos.
Justo después vino otro error: aquel tono crispado que la mayoría no entendió ni consideraba necesario, y que los alejó de mucha gente que hasta entonces los apoyaba. Y que no enmendaron cuando vieron que no funcionaba; al contrario, redoblaron la apuesta y empezaron a hablar de golpes, de grupos de tareas increíbles.
Hasta el error final: tras meses de idas y venidas, y sin ninguna convicción, porque no encontraban otra vía, mandaron la resolución al parlamento: era obvio que el debate aumentaría los conflictos y divisiones que ya asomaban en su propio bloque de poder. (Y dejamos de lado mucho error menor. Los técnicos, como aquel que hizo que la retención rechazada ayer terminara favoreciendo a la soja sobre el maíz y el trigo, por ejemplo. O los de esta semana: salir a la calle el martes a perder una pelea cuantitativa que nadie les obligaba a dar, no ser capaces de calcular los resultados del Senado, comprarse a Saadi cuando ya no servía.)
También fue un error hacer de este conflicto una cuestión de supervivencia, todo o nada.
¿Ahora cómo van a hacer para explicar que la derrota no fue tan importante?
Los errores son legión pero truena, por encima de todo, el gran error: la creación de Frankenstein, el monstruito enemigo.Frankie es un espanto: la mezcla más extraña, la receta que nadie habría podido imaginar –Urquía y la CCC, Buzzi, Carrió y Barrionuevo– y actúa abominable muchas veces: racista, clasista, gorila de opereta, patriotero. Otras, en cambio, se pone inteligente o astuto o eficaz, progre o conserva, tan variado. Es obvio que va a ir perdiendo piezas: la Rural y Castells no pueden seguir juntos mucho tiempo. Pero aún así le van a quedar varias y quién sabe adónde irá; para facilitarle el camino, quedará en millones de personas esta sensación de antagonismo con el Gobierno, de que nada de lo que haga va a estar bien. Y todo lo consiguieron casi solos, por sus propios méritos.
El rechazo de las retenciones, en cambio, fue mérito –o demérito– de muchos otros. Fue un triunfo de la política, de lo que me gusta entender por política: la participación y la movilización en pos de un objetivo. Es casi un chiste cruel que el mayor ejercicio de democracia directa de los últimos tiempos haya llegado de la mano de algunos que muchas veces se cagaron en la democracia: es otra de las contradicciones de esta historia de contradicciones incansables.
Aunque hay cierta justicia poética en el despropósito: al kirchnerismo le ganó la participación que sus jefes deberían haber encarnado y fomentado –por supuesta tradición, por supuesto proyecto– y siempre despreciaron, hasta que, en pleno susto, convocaron a otro rejunte extraño.
Digo: un triunfo de la política. Un gobierno lanza una medida como han lanzado todas sus medidas los gobiernos recientes –por decreto o resolución, sin consultas, puro poder ejecutivo– y, por una suma de razones, mucha gente decide oponérsele y para eso sale a la calle, a las rutas, se hace oír como puede, presiona a sus representantes, consigue su objetivo.
A mí me gusta que la política suceda en la calle porque implica un descontrol, en sentido estricto: cantidades de personas moviéndose sin el control de los que siempre nos controlan, un momento fluido, imprevisible. Si los gobernantes supieran lo que les conviene, quizá tratarían de reemplazar esta movilización por referéndums.
Estos cuatro meses de marchas y contramarchas, errores y pavadas, podrían haberse evitado con la limpieza de una consulta popular: dos semanas de debates, votación y a los bifes. En cualquier caso, ganó la versión menos mediada, más movilizada de la política: una democracia un poco más directa, menos presa de sus “representantes”.
Ojalá sea un ejemplo: que el mismo grado de movilización pueda reclamar que los hospitales no sean chiqueros, que en las escuelas se enseñe, que los transportes funcionen, que los más pobres coman, que haya igualdad en serio. Que la movilización no quede sólo del lado de los que quieren –un poco más de– plata. Fueron meses muy raros –que no se han terminado. Me pregunté mucho, durante este conflicto, cuál era la pelea real, detrás de los puntitos porcentuales.
Distintos sectores tenían peleas distintas pero, en general, creo, peleaban por sus ideas diferentes del Estado. El Estado es el eje de la política kirchnerista. El Gobierno intenta la recuperación de un poquito de Estado y se pelea con los ricos y medio ricos que se acostumbraron a disfrutar del no-Estado que Videla y Menem impusieron. El Gobierno hace un uso módico de ese Estado y no convence a los pobres y no tan pobres que querrían que les volviera a asegurar lo que les debe, lo que les cobra en impuestos. Es el problema típico de estas políticas nichinili: demasiado para algunos, insuficiente para muchos. Y un corolario: no hay nada peor que alguien que hace, en nombre de una idea política, algo distinto de ella. No sólo no la concreta sino que, además, cierra espacios para los que quieren seguirla realmente.
Mientras tanto, el Gobierno va a tener que buscar un rumbo. Frankie ahora amenaza y se lo hace más difícil. Cuando asumió Fernández se dijo que mantendría el gabinete de su esposo hasta abril y que recién entonces –¿por qué entonces?– formaría el suyo propio: quizá sea el momento.
De hecho, varios opositores empiezan a deslizar que ya es hora de que el ex presidente deje gobernar a su mujer –y le atribuyen la derrota, en una versión actualizada de la “teoría del cerco”: ella es más buena, él es el malo, Néstor como el Lopecito de Cristina. El Gobierno tiene que hacer algo. Podrían pensar que su mínima política de alianzas les dio pésimos resultados –un tal Cobos– y que deben abroquelarse y que, en su soledad, les conviene profundizar esas reformas con las que amenazan. O pensar que les conviene abrir y negociar, tratar de seducir a las clases medias que perdieron.
Hay, por supuesto, muchos caminos intermedios para oponerse a Frankie. Pero ahora la Presidenta está, como corresponde, en Resistencia, donde dice que es un día muy especial por “la recuperación” de Aerolíneas Argentinas, y muy triste porque ha muerto un amigo querido, testigo de su casamiento, y después habla de la infraestructura del Chaco y del aumento de las inversiones extranjeras y muchas gracias buenas noches.
Del otro lado hay un país que se quedó esperando. Frankie avanza.

Triste alegría

También, como antes nos reímos, vemos aquello que nos entristece, aquello que nos perturba en serio... Lo anterior resulta muy gracioso, comparado con otras realidades que nos toca ver y vivir a diario... Estas cosas son las que no dan risa, las que importan...





Todo sigue igual

En estos días, hemos de ver como todo cambia
para que nada cambie, y bueno, nada cambia.
Pero si miramos con un poco de distancia,
a veces, esta repetición infinita se vuelve graciosa...
Claro, siempre están aquellos que no saben reír...
para el resto, aquí va el primer clip: